Travesía por el Salkantay

Nos vamos de Abancay con los ojos fijos en el Salkantay, un gigante de 6.271m con un cuello con el mismo nombre de 4.630 m. Esta travesía fue nuestra opción para llegar al Machu Picchu, evidentemente no es el camino más usual pero sin duda el más precioso!

El día de arranque teníamos ganas de pedalear, así que hicimos 70 km con 1. 500 metros de desnivel positivo y pronto llegamos a Mollepata. Allí había un paso cerrado y nos dijeron que no estaba permitida la entrada de vehículos, tampoco en bicicleta. Ya habíamos leído en algún blog que no lo permitían pero otros lo habían conseguido así que nos aventuramos. La primera chica que nos atendió no nos dejaba pasar pero una segunda intervino y pagando la entrada usual en el parque natural, 10 soles, pudimos pasar. Al mismo día llegamos a Soraypampa, que ya estaba a 4.000m.

La decisión

Nos alojamos en una habitación muy acogedora, con agua caliente a pesar del frío que hacía en el exterior. Preferimos no montar la tienda para salir temprano al día siguiente y evitar la helada y las complicaciones de los despertares a tanta altura. Al levantarnos pero, estaba lloviendo y había mucha niebla así que decidimos quedarnos un día más, para nosotras no tenía sentido todo el esfuerzo sin poder ver las vistas al gran nevado. Por la tarde la niebla se fue y el sol se dejó ver, aprovechamos para hacer una caminata a unos lagos con vistas increíbles, con la luz de la puesta de sol en el Salkantay sin nubes, esto era excepcional. Supimos que había sido la decisión correcta!

Pudimos ver la luz de la puesta de sol ir desapareciendo en la montaña y fue precioso!

La mañana siguiente salimos, el cielo todavía era claro pero unas pequeñas nubes jugaban con la montaña y iban creciendo a medida que pasaba el día.

Cuando ya llevábamos una hora de ascensión nos dimos cuenta de que en alguna parte habíamos perdido la botella de combustible, indispensable para poder cocinar. Quizás algún golpe? Quizás en la habitación? Gerard decidió volver atrás a buscarla pero ya no la encontró, seguramente caería en algún bote, la dimos por perdida. No teníamos tiempo que perder así que seguimos.

¿Quienes son los burros?

Pedaleando camino arriba nos cruzamos con unos burros totalmente cargados con mochilas, comida y tiendas. Era el equipaje de unos gringos que iban un poco más adelante caminando con una mochila bien pequeña.

Un poco más adelante, cuando faltaban los últimos 300 metros para llegar al cuello, decidimos desmontar las bolsas de la bicicleta y cargárnoslas a nuestras espaldas. Venía un camino derecho y pedregoso que no se podía ciclar y por tanto, era preferible poder cargar el peso en la espalda y empujar la bicicleta más fácilmente. Cuando ya lo teníamos todo listo se pararon tres chicos peruanos y estuvimos hablando sobre las bicicletas y la ruta que estábamos haciendo. Nos explicaron que ellos habían subido hasta el cuello del Salkantay con una bicicleta cada uno, las bicicletas de tres chicos de Estados Unidos que sólo querían hacer el descenso de la montaña.

Creemos que todas las personas que quieran hacer el descenso del Salkantay deben esforzarse para subirlo y por eso nosotras actuamos en consecuencia.
Entre ésta y la experiencia de los burros estuvimos hablando y reflexionando sobre el impacto del turismo, sobre cómo se invierte el dinero y sobre las formas de consumo. Sentimos que pagar una miseria a tres jóvenes locales para que hicieran la parte dura de la ruta y luego ellos pudieran disfrutar la bajada no era algo con lo que nos sintiéramos cómodos. Lo vivimos como una nueva forma de colonización en el que el capital compra personas, donde el turismo de consumo pretende poder acceder a todas las comodidades.

Nieve en el collado

Cuando faltaba poco para llegar al collado empezó a nevar, fue un momento frío y agotador pero la épica del momento nos daba energía. Conseguimos superarlo y llegar al cuello, como recompensa, el sol brillaba cuando pusimos los pies. Desde allí no se acababa de ver la cima, pero las vistas eran espectaculares.

No estábamos solas, es un trekking bastante turístico porque está muy cerca de Machu Picchu y de Cusco. La sorpresa de todos los otros turistas por lo que habíamos hecho era obvia, algunos se acercaron a preguntarnos y nos felicitaron. Nos sentimos orgullosas pero no se había terminado el día, el descenso era otro reto, 3.000 metros de desnivel por un mismo camino que iba de las frías rocas del cuello a los bosques selváticos. Fue brutal bajar por uno de los caminos más técnicos de la ruta, rodeados de montañas nevadas, unas vistas realmente poderosas.

Las dos versiones del descenso

Gerard disfrutó muchísimo toda la bajada, dando saltos por las rocas y esquivando las más grandes pero para Ariadna no era tan fácil, nunca había hecho descensos y menos tan técnicos, largos y después de un desgaste de energía como fue la subida.

A parte del tramo inicial donde las piedras eran demasiadas y demasiado grandes para bajar en bici con todo el equipaje, el resto del descenso era brutal!! Yo iba mirando para atrás y parándome a esperar a Ariadna, porque no se atrevía a subirse a la bicicleta. Cuando vi un tramo que me pareció más fácil le dije que lo intentara, si no lo provaba no sabría si podía bajarlo o noGerard
Gerard me repetía que lo probara, que así se aprendía. Dejé la bicicleta y me puse a llorar. Veía una bajada eterna y yo habiéndola de hacer toda a pie, Gerard decía que me tenía que esforzar… Cómo si no lo hubiera hecho hasta ese momento!!! La situación me superó.Ariadna

Tuvimos una conversación bonita sobre el esfuerzo, el aprendizaje y los límites personales. Es evidente que este viaje es a ritmo de «novata» y que la cuerda no se puede tensar más de la cuenta. Por otro lado, también es cierto que estamos yendo por caminos técnicos a 4000m de altura con las bicis bien cargadas, lo cuál tampoco es fácil.

El camino era bastante rocoso pero en un punto se convirtió en un camino más suave, con algunas rocas grandes que se tenían que saltar pero perfectamente ciclable. Así pues, aceleramos bastante y Ariadna lo disfrutó muchísimo.

El final feliz

Llevábamos horas bajando, hacía lo que podía y a menudo tenía que poner el pie en el suelo para no desequilibrar me, llegó un momento más plano donde el pedregal se redujo y cada vez me sentía más cómoda. Llegó el descenso suave, por un camino con bastante desnivel y escalones pero con menos piedras. Cada vez me sentía más segura, me atrevía a probar tramos que no veía claros y al superarlos la motivación subía. Sin esperármelo nada, disfruté muchísimo de el descenso!Ariadna
Me hizo muy feliz ver a Ariadna superar los pequeños eslabones que tenía el camino después de la conversación que habíamos tenido unas horas antes. Esta parte era un camino muy suave y fácil de disfrutar y ambas lo hicimos, vigilando con el acantilado que había al ladoGerard

Llegamos a una zona selvática, un cambio brutal que nos gustó muchísimo! Un descenso con pequeñas subidas que se convertían en saltos y un buen acantilado a mano derecha que nos acompañó en buena parte. El camino estaba lleno de árboles frutales y tomamos un par de paltas (aguacates) que encontramos en el suelo, bien grandes y pesadas, algo verdes pero en dos días nos las pudimos comer!

Faltaba poco para llegar a Santa Teresa pero después de pedalear una hora a oscuras decidimos parar a dormir con una casita que estaba en medio de la carretera. La mujer nos invitó a un mate y comimos pan con huevo antes de ir a dormir. Se notaba el nivel de insectos, más grandes y mucha más cantidad que lo que estábamos acostumbradas!

Al día siguiente hicimos hacia Santa Teresa, donde estuvimos tres días para poder ir a visitar el Machu Pichu, un final de trayecto impresionante.

La travesía del Salkantay, 100% recomendable!!!

Mapa