Punta Pumacocha 4.990m

Después de dos meses llegamos al punto más alto, el cuello Punta Pumacocha de 4.990m. Era un tramo que esperábamos, un objetivo emocionante para las dos. El aire nos jugava en contra pero sería un momento mágico

Esa noche dormimos a pie de carretera, no encontramos otro lugar mejor para montar la tienda. Estábamos a 4600m, como siempre, nos acompañaba la vía láctea y una inmensidad de estrellas. Al día siguiente nos levantamos temprano y con poca comida en el estómago empezamos a pedalear.

Después de dos meses llegamos al punto más alto, el cuello Punta Pumacocha de 4.990m. Era un tramo que esperábamos, un objetivo emocionante para las dos. No teníamos claro si podríamos lograrlo o no, la vez que llegamos a 4.800m Ariadna llegó bastante cansada y afectada por el poco oxígeno, así que teníamos dudas!

La subida era pedregosa y dificultaba la pedaleada pero el paisaje era precioso. El sol nos acompañó todo el día pero a medida que íbamos subiendo el aire era más frío y el poco oxígeno se notaba. Hicimos alguna parada para comer algo y beber zumo para coger energía, en aquellos momentos cada vez pedaleábamos más despacio y al final decidimos empujar la bicicleta. Estábamos a 4.850m y de vez en cuando intentábamos subir y volver a pedalear, pero a los cuatro metros ya no nos quedaba oxígeno. Finalmente desmontamos las bolsas, nos las cargamos en la espalda y empujamos hasta el cuello. El sol iba cayendo y llegamos con una de las puestas de sol más bonitas que hemos vivido.

El momento más mágico

Gerard dejó la bicicleta en el suelo y bien rápido cogió la cámara. Era un momento muy mágico para las dos, un reto superado aunque no lo pudimos hacer pedaleando. La sensación era de estar en el techo del mundo, juntas, acompañadas por las montañas nevadas y el silencio. Nos encontrábamos muy bien, sin mal de altura y aunque costaba respirar la sensación era espectacular, al igual que las imágenes resultantes!

Las puestas de sol son momentos preciosos, pero se acaban rápido. Sabíamos que cuando el último rayo de luz nos tocara el frío nos helaría así que lo aprovechamos para abrigarnos tanto como pudimos: camiseta y mallas térmicas, polar, plumas, guantes, buff y gorro. Cuando el sol se ocultó el cielo se volvió azul y violeta, subimos sobre las bicis y nos disponíamos a llegar a los 4600m para poder descansar bien. Al otro lado del cuello había un valle absolutamente diferente. Era muy impactante ver el cambio de roca, colores y vegetación. Enseguida se oscureció pero con el frontal y las luces de bicicleta llegamos al destino, un prado donde montar la tienda y preparar una cena calentita bien merecida! Estábamos cansadas y teníamos frío pero la emoción del día nos hacía sacar la energía. Mientras cenábamos vimos unos ojos amarillos moverse cerca de nosotros. Sabíamos que era una zona de pumas y osos pero parecía algún animal más pequeño como un zorro. No muy lejos había unas cabañas con rebaños y pensamos que ese era su objetivo, con algún intento de asustarlo tuvimos suficiente para quedarnos tranquilas. Esa noche aprovechamos para hacer astrofotografía. Había un cielo brutal y Gerard no pudo guardar la cámara hasta conseguir plasmar ese momento.

Al día siguiente tocó pedalear por la pampa, un terreno bastante llano, lleno de humedales y con muchísima fauna, sobre todo aves.

La sensación de soledad era mayor que nunca, el siguiente pueblo quedaba a días de pedaleo y no había nadie. Los valles eran enormes y nos sentíamos pequeñas en la inmensidad.

Mapa