La primera caída

Es un viaje demandante, soy consciente que mi dominio de la bicicleta es bajo y que tengo que esforzarme cada día! Una vez en el suelo, pero, te inundan las inseguridades y las voces que te pregunten qué haces aquí, no estás hecha para esto.

Después de algunas horas de pedalear por la pampa a 4.300m a través de una pista de tierra rodeada de altas hierbas con las cumbres nevadas al fondo, llegamos a un gran embalse. En lugar de voltearlo para llegar al pueblo, Tanta, y seguir el camino, decidimos coger un atajo para llegar directamente al final del lago y reencontrar la pista de tierra. Quizás no fue la mejor decisión, queríamos ahorrar tiempo pero tuvimos que hacer senderos, empujar la bicicleta y pedalear por arena de playa. Se nos hizo duro y costoso, además, el camino no salía en el mapa y teníamos que ir improvisando. Probablemente deberíamos tardado lo mismo por la pista, más larga pero fácilmente ciclable. La parte buena de todo ello se la llevó Gerard, que le encantó poder hacer fotos de un fuera-pista bien peculiar.

El lago se convirtió en un río completamente transparente que nos acompañó a lo largo del valle, el río Cañete.

Nos condujo a lo que era la primera ciudad turística que nos encontramos en ruta: Vilca. Era un pueblo de turismo local, principalmente visitantes de Lima.
Tras una parada para comer, donde probamos la trucha frita, continuamos una bajada que seguiría hasta el día siguiente. Paramos a dormir en un hospedaje, muy agradecida de haber encontrado un; nos duchamos y nos curarnos las heridas que nos estaban haciendo en la zona del culo debido a sudor, el rozamiento y estar sentadas en el asiento de la bicicleta durante tantas horas.

Caer y volver a levantarse

Al salir el sol nos pusimos en marcha con mucha energía, aquel era el último antes de hacer un descanso en Laraos. Era un camino que iba bajando de forma suave cuando de repente, mirando el río que nos acompañaba a la derecha del camino, hice una aterrizada. Fue rápido, en un momento me vi en el suelo, la bicicleta unos metros más allá y toda la parte derecha del cuerpo me dolía. Hice un grito y Gerard, que estaba una curva más adelante, vino bien rápido y asustado.

– ¿Qué te ha pasado? Estás bien? Te puedes levantar? Gerard

Fue una caída tonta en un terreno fácil, una bajada bastante plana. Lo que me hizo caer fue la grava acumulada en el camino; mirando lo bonito que era el río no puse bien la rueda y zas! Al suelo.
Apartamos las bicicletas y bajamos hasta el río. Estaba bastante dolorida pero el agua helada me fue muy bien para limpiar la herida y rebajar el dolor. Gerard me cuidó mucho, fue un buen enfermero y sobre todo, supo animarme.

Es un viaje duro, sobre todo si nunca lo has hecho antes. Era consciente de que me aventurava a una ruta demandante que haría esforzarme cada día, también era consciente de que mi dominio de la bicicleta era bajo y que el aprendizaje se hace poco a poco. Una vez en el suelo, pero, me empezaron a venir preguntas:

¿Qué hago aquí? A quién quiero engañar? No estoy hecha para estos viajes! Gerard debería ir con una persona más feroz. Ariadna

Al terminar las curas y estar un rato hablando, decidí continuar. Gerard insistía en que podíamos descansar pero ese día yo quería llegar a Laraos sí o sí. Habíamos leído en Andesbybike que había Wi-Fi y ese día era importante: Xènia, mi hermana más pequeña, hacía años. No podía celebrarlo a su lado, pero quería hablar con ella y felicitarla, decirle que me recordaba y que me moría de ganas de darle un abrazo.
Así pues, decidimos continuar. Al llegar nos costó un poco conseguir la clave del Wi-Fi, era del Ayuntamiento y la persona que nos tenía que abrir no estaba. Finalmente, después de esperarnos dos horas, pude contactar. Eran sus dos de la madrugada pero estaba despierta!

No puedo dormir! Estamos en un hotel con mamá y papá, hace mucho calor y no consigo dormir, antes de que llamaras estaba tumbada en el suelo para hacer pasar el calor. Estoy contenta porque así hemos podido hablar! Xènia

El destino.
Mi primera caída resultó un moratón enorme en el muslo derecho, con una buena quemada que tardó dos semanas en estar recuperada del todo y las mallas de bici agujereadas.

Decidimos quedarnos en el pueblo durante cuatro días y aprovechamos para ponerlo todo a punto: lavar la ropa, hacer las compras, contactar con familiares, hacer alguna publicación en Instagram (@rodada_d_mel), limpiar bien las bicicletas y recuperarnos de los días pedaleados.

Compañeras de aventuras

En Laraos vimos las primeras andenerías y las más grandes que hemos visto hasta ahora. Son unas construcciones Incas donde cultivaban, unos escalonados infinitos. Ésta era la forma que tenían para cultivar los valles con grandes desniveles.

Estos días eran las fiestas de Laraos, celebraban el aniversario del pueblo: bailes, música, comidas populares, etc. Coincidió con la llegada dos otras parejas de ciclistas! Los primeros que nos encontrábamos por el camino. Se instalaron en el mismo hospedaje que nosotros y Gerard estuvo hablando con ellas durante toda la tarde. Llevaban mucha más ruta que nosotros, ya habían estado en muchas partes de América Latina y América del Norte así que fueron una fuente de inspiración. Por la noche fuimos a cenar todos para despedirnos ya que al día siguiente continuaban.

«Que tengamos suerte, hasta la próxima»

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