Devorando etapas

El reencuentro con las bicicletas al otro lado del océano y la energía del inicio de la segunda parte. Cuales son los motivos de los cambios de ruta y el destino final de este largo viaje.

La decisión de volver a Barcelona no fue fácil. Fueron unos días de mil cambios de opiniones pero lo que estuvo claro en todo momento era que si volvíamos a Barcelona sería con el vuelo de regreso a Perú comprado! Y así fue. Nos dimos seis meses en Cataluña para poder recuperarnos bien de las barrigas y dejar que la época de lluvias se acabara.
En Cataluña estuvimos repensando cuál era la ruta más adecuada, qué parte de Perú queríamos priorizar porque era evidente que no podíamos hacerlo todo!

Tengo claro que quiero hacer la parte de Huancavelica a Abancay, donde tuvimos que coger el bus. Me gusta hacer recorridos continuos siempre que se pueda! La esencia cicloturistaGerard

Objetivos del viaje

También teníamos claro que en seis meses queríamos llegar a Argentina para visitar la familia de Gerard y poder pasar unos días allí para aprender de su proyecto de vida! Yo quería estar en Cataluña a principios de curso para trabajar pero Gerard no lo tenía nada claro, su sueño de llegar a la Patagonia estaba allí enfrentándose con el hecho de cerrar el viaje juntas.
Así pues, trazamos una ruta que fuera posible en seis meses, destinando 3 meses a Perú y, a partir de ahí, intentar llegar en 2 meses más en Argentina.
El 4 de mayo llegamos a Lima, a casa de Santiago. Como siempre, nos acogieron como a unos más de la familia! Estamos muy agradecidas por todo lo que han hecho! Nos reencontramos con las bicis y en tres días ya estábamos saliendo dirección a Huancavelica en bus. Los buses y las bicicletas no son muy amigas. Cada vez es una odisea!

Las bicis y los buses, relación complicada

Para subirlas al bus, aunque en principio te dicen que no habrá ningún problema si pagas un extra, es una lucha. De hecho, para que aceptaran subirlas ya nos tuvimos que pelear mucho con el señor que repartía los tickets de los bultos a subir. La gente quiere llevar consigo paquetes enormes y lo cierto es que no hay suficiente espacio para todos. Estamos hablando de buses bastante económicos, los que utiliza la gente de Huancavelica para transportar las compras de la capital. Cuando llega el bus la gente se amontona para conseguir subir su paquete, es la jungla, un «todo vale». Nos podéis imaginar a nosotros dos con unas cajas enormes con las bicis desmontadas (que pesan lo suyo) y con todas las bolsas de bici en la mano, intentando pasar las primeras? Si se colocan demasiados paquetes de formas distintas antes, es imposible que las cajas de bici quepan. Se notó que Gerard era bueno jugando al «todo vale», gracias cau! Primero consiguió meter una y la segunda se la pasé por encima de las cabezas de la gente, que por suerte aquí es bajita! Tras una subida de adrenalina y la tensión de tener que luchar para subir las bicis al bus, estábamos sentadas dentro, respirando aliviadas dirección a Huancavelica.

Llegamos por la mañana con bastante malestar. Habíamos pasado de Lima, al nivel del mar, a un collado de 5.000m en menos de 5 horas y, evidentemente, no se nos puso bien. Estuvimos tres días con dolor de cabeza y la barriga removida y luego, Gerard volvió a tener un ataque intestinal con fiebres y vómitos. Los ánimos bajaron pensando que volveríamos a tener la misma experiencia que en el viaje pasado, que no nos habríamos recuperado del todo! Ya os avanzamos, sin embargo, que no ha sido así! Aparte de algunos episodios de malestar, hemos podido seguir la ruta hasta el final.

Así que, por fin, nos pusimos en marcha con muchas ganas dirección a la Laguna Choclococha. Diseñamos el track pensando que la aclimatación nos costaría igual que la primera vez pero no fue así.
La subida era muy soleada, teníamos que parar a menudo para ponernos crema de sol y beber agua. Un camino de curvas que recorría el río nos llevó al final de la etapa y sólo eran las 12 del mediodía, así que decidimos continuar un poco más. Pedaleando, pedaleando, llegamos a Astobamba, el final de la etapa del día siguiente! Así pues, hicimos dos etapas en un día, estábamos más en forma de lo que pensábamos.

Trucha frita

La llegada a Astobamba fue espectacular. Una puesta de sol boniquíssima en un pueblo muy pequeño y desierto, eso sí, con unos campos llenos de llamas y alpacas pastando. Habíamos subido de 3.600m a 4.600m y la altura se empezaba a notar, hacía bastante frío y el sol estaba desapareciendo entre las montañas. Así pues, nos abrigar rápido y comenzamos a hacer la cena.
Una señora entrañable nos ofreció una caseta, como las de la fotos, para dormir.

Fui con ella para verla. Era una cabaña con el suelo de arena, lleno de pieles de alpaca secándose y barriles de gasolina. La buena intención de la señora para evitar que durmiésemos en la intemperie era de agradecer, pero creo que me hubiera cogido mucha alergia durmiendo sobre aquellas pieles y nos dio demasiada pena pensar que eran pieles de alpaca. Nos supo muy mal rechazarla, pero optamos por montar la tienda en un cobertizo para minimizar el viento.

Hacía mucho frío, pero los sacos lo arreglan todo! Suerte tenemos de tener estos sacos. Aún así no dormí muy bien. Sentía ruidos que me despertaban y me hacían alertar: perros ladrar, pasos, crecs y crocs. Y si viene alguien? Además, tenía dolor de cabeza y no conseguía conciliar el sueño, la altura no ayuda a dormir.
Al día siguiente, muy temprano, comenzamos a recoger. El agua estaba helada y con los primeros rayos de sol empezaba a fundirse. Desayunamos avena y cuando ya lo teníamos todo listo nos acercarnos a la tienda de la señora entrañable para pedirle si tenía pan para llevar.
No tuvimos suerte pero insistió en prepararnos algo de comer. Ya habíamos rechazado la noche y no nos atrevimos a volver a hacerlo aunque teníamos ganas de empezar a pedalear. Al cabo de un rato salió a la calle, donde la esperábamos, y nos dio una bandeja de poliestireno expandido (waste!) Con trucha frita y papas sancochadas. En general intentamos comer vegetariano pero a veces, como era el caso, es difícil!

Finalmente iniciamos el camino, una pista bien arreglada con algún pueblo pequeño. Era el segundo día de pedaleo y ya estábamos a 4.800m, sin ninguna dificultad para respirar. Recordábamos el primer collado de 4.900m, empujando sin poder pedalear. Este, en cambio, fue un collado tranquilo con buenas vistas y un descenso frío pero rápido hasta las Lagunas. La etapa debía ser más corta, volvimos a superar los kilómetros previstos y llegamos al mediodía con el solecito, cansadas, pero con mucha felicidad!

Mapa