Buenas vibras

En este viaje es poco común compartir tiempo con otras personas, ya sean extranjeras o locales. La mayoría del tiempo estamos las dos pedaleando por caminos inhóspitos y pueblos pequeños donde las conversaciones suelen ser de sus realidades y nuestro viaje. Pocas veces tenemos la oportunidad de compartir largos ratos con gente pero, como se explica en este artículo, hemos tenido experiencias muy bonitas en momentos que teníamos que dejar de pedalear para descansar.

Agradecemos a todas las personas que nos han acogido como parte de su familia y han compartido conversaciones, inquietudes y proyectos con nosotras. Nos las guardamos como mejores recuerdos!

El muro

En Abancay, donde hicimos la primera parada larga, tuvimos nuestro primer anfitrión, Octa. Él también es ciclista y este fue el primer punto en común. Vive en la parte alta de la ciudad en un lugar que le llama «La casa del Árbol» ya que con materiales reutilizados y maderas ha construido una plataforma arriba de unos árboles donde aloja la gente que lo visita.

Preparamos comidas para él y su madre, una mujer encantadora. Compartimos músicas e historias, su opinión sobre lo que teníamos que visitar y como teníamos que hacerlo fue crucial ya que conocía muy bien la zona y había visitado en diferentes ocasiones las ruinas de Choquequirao y Machu Picchu. Antes de irse de su casa le ayudamos con uno de los proyectos que estaba poniendo en marcha. Junto a su casa quería construir un compostador para el barrio a partir de piedra y barro.
Junto con Dunia, una chica Italiana que venía a Perú a conocer formas diferentes de construcción y cultivo, estuvimos todo un día picando piedra al sol y al terminar estábamos exhaustas! Octa partía piedras bastante grandes como quien corta troncos, él decía que era gracias a su sangre de inca, está muy fuerte!

Quedó un buen compostador que pretendía convertirse en un punto de compostaje con parte educativa para los niños y niñas que a menudo lo visitaban para conocer las nuevas construcciones.

Aguas termales

Permanecimos dos días y luego fuimos a un hospedaje para tener un espacio más cómodo, ya que no nos encontrábamos muy bien del estómago. Antes, sin embargo, Octa nos llevó a unas aguas termales naturales en medio de un cañón donde pasamos la noche y preparamos la cena en una hoguera.

Fue brutal!!! Un rincón perdido que se llegaba por un descenso bastante largo con las bicicletas. Teníamos el río bajo el acantilado, un cielo nublado que a medida que se hizo de noche nos dejó ver las estrellas desde el agua caliente, con la hoguera al lado y compartiendo una bebida típica hecha con limón, canela y un tipo de ron.

Buenas vibras

Couchsurfing

A Cusco tuvimos el segundo anfitrión! Desde el primer minuto nos dio toda la confianza dándonos las llaves de su piso, que está en el centro de la ciudad, mientras él estaba trabajando. La primera noche preparamos una buena tortilla de patatas acompañada de un vino tinto para darle las gracias por la acogida. Ishmael nos cuidó durante 10 días, ya que tuvimos una fuerte infección intestinal que no nos permitió continuar el viaje. A pesar de eso, aprovechamos muchísimo la ciudad.

Además de visitar Cusco y las ruinas compartimos muchas comidas, conversaciones y músicas, Ishmael era el chico más fiestero que hemos conocido nunca, él salía cada noche después de haber trabajado durante todo el día, era un no parar! Cuando nos encontrábamos mejor salimos algunas noches con él a unos bares donde se daban clases de salsa y bachata. Era muy divertido aprender juntas, no teníamos ni idea pero los primeros pasos todavía eran fáciles. A Ariadna la sacaban a bailar chicos peruanos que sabían bastante y ella iba siguiendo pero para Gerard era más complicado, ya que en estos bailes el chico debe guiar.

También aprovechamos la cocina de Ishmael y preparamos muchos platos diferentes, como tenía horno nos preparamos unas barritas energéticas residuo 0, ya que para viajar en bicicleta son una buena opción pero en todo el viaje no habíamos podido consumir porque todas las venden envueltas en plástico.

Al cabo de un tiempo de haber vuelto a Barcelona, Ishmael vino a visitar la ciudad y, evidentemente, le acogimos a casa de unos amigos y visitamos la ciudad con él, al igual que había hecho con nosotros. Fue la excusa para entrar en la Sagrada Familia, ya que ninguna de las dos había entrado nunca. Es fuerte como viajamos para conocer lugares en la otra punta del mundo y cuando lo tenemos al lado de casa no le hacemos caso.
Nos encantó!